• 17 JUL DE 2026

Lucy Salgado: memoria viva

Lucy Salgado | Archivo

La actriz siguió actuando incluso mientras enfrentaba el cáncer. A un cuarto de siglo de su partida, su legado de autenticidad y versatilidad sigue vivo en la cultura popular.

Símbolo telenovelero. Ella, tan versátil como auténtica. A 25 años de su partida, Lucy Salgado permanece como símbolo del melodrama local. No solo por la cantidad de personajes que interpretó, sino por la marca personal que dejó: una actriz que supo ser cercana y dúctil, capaz de encarnar tanto el drama como la comedia con igual credibilidad.

Nacida en Santiago el 31 de enero de 1932, la Salgado -así se llama a las grandes- se formó en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, donde adquirió las bases de un oficio riguroso. Su paso por obras señeras -La pérgola de las flores, Romeo y Julieta y El mercader de Venecia, entre otras-, mostró desde temprano su capacidad para dominar las tablas con naturalidad y fuerza interpretativa. Esa raíz teatral le dio un sello de autenticidad que trasladó al cine y la televisión.

Lucy era reconocida por su histrionismo, entendido como la capacidad de desplegar un abanico emocional amplio y convincente. Ella llenaba el espacio con gestos, silencios y miradas que daban densidad a sus personajes. En cine, brilló en Julio comienza en julio (1979). Su actuación fue celebrada por la crítica de esos años; era un ejemplo de sobriedad y fuerza dramática.

Su consolidación televisiva fue marcada por cada una de las producciones en que participó. Su versatilidad se plasmó en un sinfín melodramático; uno que incluyó La Madrastra (1981), Marta a las 8 (1985), Fácil de Amar (1992) y Aquelarre (1999), entre otras realizaciones. Un logro: en cada una de ellas mostró que podía transitar del drama a la comedia con igual credibilidad. Su interpretación de Sonia Andrade de Bascur, en Fácil de Amar, es recordada como un retrato realista: la madre chilena de clase media, una que trasuntaba humor y cercanía.

Lucy Salgado fue una actriz de raza. ¿La razón? Nunca se dejó vencer por la rutina ni por la enfermedad. Recuerdo que, incluso cuando enfrentaba el cáncer de mama que finalmente causó su muerte el 13 de julio de 2001, mantuvo su compromiso con la actuación, trabajando en Santo Ladrón (2000). Su autenticidad y resiliencia reforzaron su marca personal: una actriz que vivía el oficio con pasión y entrega total.


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Su legado, estimo, no se limita a la nostalgia por sus personajes. Lucy Salgado ayudó a legitimar la ficción nacional como un espacio de construcción cultural, demostrando que la televisión chilena podía generar símbolos duraderos. Su histrionismo y dominio escénico la convirtieron en un modelo de profesionalismo: la actuación, un arte que exige entrega, disciplina y verdad (y la sencillez que ella, cada vez que la entrevisté, transmitía).

La Salgado fue capaz de dominar el teatro, el cine y la televisión con igual solvencia. Su histrionismo, su versatilidad y su autenticidad la convirtieron en un símbolo de la cultura televisiva chilena.

A 25 años de su partida, su memoria sigue viva: trascendió la pantalla, dejando un legado que combina rigor actoral, cercanía y un repertorio interpretativo variopinto que pocos han alcanzado. Solo las grandes como ella.