Secciones La Hora

cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

La Hora del Futuro

24 de noviembre de 2022

Ansiedad matemática: un problema más común de lo que crees

¿Alguna vez te sudaron las manos al hacer un ejercicio de matemática en la pizarra? Esto se llama ansiedad matemática y podrías aprenderla de tus padres o docentes

Por
Ansiedad matemática en clases
Compartir

¿Mirabas hacia otro lado cuando debía salir alguien a la pizarra en la clase de matemática? ¿Saliste con tus amigos/as y a la hora de dividir la cuenta, evitaste sacar el cálculo? ¿Sentiste una sensación extraña a la hora de tener que calcular un vuelto? Si experimentaste algunas de estas situaciones no te preocupes, es más común de lo que se piensa y además tiene un nombre: ansiedad matemática.

la investigadora de MEMAT, Ana María Espinoza cuenta que esta situación es mucho más usual de lo esperado: «Se puede dar en situaciones cotidianas, a la hora de pagar una cuenta, calcular el vuelto o cualquier situación que se vincule con números en nuestra vida cotidiana, y que las personas tienden a evitar», explica.

Ana María Espinoza, investigadora de MEMAT

¿En qué consiste este tipo de ansiedad?

La ansiedad matemática es una reacción con efectos cognitivos y emocionales, que se produce al enfrentarse o imaginarse en situaciones relacionadas con las matemáticas. Esta ansiedad produce una serie de reacciones tanto fisiológicas, como cognitivas, como cualquier otro tipo de ansiedad. Por esto, tiene una serie de efectos negativos relacionados al aprendizaje de la matemática.

«Esta ansiedad se puede expresar al enfrentar tareas o evaluaciones. Es aquella sensación que da cuando tienes que hacer una prueba de matemáticas, una guía de ejercicios o responder una pregunta en el aula, relacionada con las matemáticas. También se puede dar en situaciones de la vida cotidiana, como por ejemplo, a la hora de pagar una cuenta, calcular el vuelto o en cualquier situación que se vincule con números en nuestra vida cotidiana, y que las personas tienden a evitar. Incluso se puede dar al hacer cálculos mentales que requieren conocimientos espaciales, como a la hora de conducir», explica Ana María Espinoza, doctora en Psicología, Investigadora postdoctoral del Núcleo Milenio para el Estudio del Desarrollo de las Habilidades Matemáticas Tempranas (MEMAT) y docente de la Escuela de Educación de la Universidad de O’Higgins.

La ansiedad matemática tiene indicadores que son similares a la experimentación de cualquier ansiedad, y se expresa con un componente fisiológico, como por ejemplo, aumento de la respiración, ritmo cardiaco y sudoración de manos, como también en términos de funcionamiento cognitivo: «Por ejemplo, la memoria de trabajo, que involucra la capacidad de atención y de mantener la información en la memoria para realizar una actividad de manera correcta y sostenida, se ve reducida cuando tengo ansiedad y, como consecuencia, me cuesta realizar la tarea que debo hacer; por lo tanto, esto también trae consigo la sensación de que no voy a ser capaz de realizar esta tarea», detalla Espinoza.

Unimarc inaugura el primer Centro Robotizado de Pedidos online de Latinoamérica

¿Cómo se desarrolla este cuadro ansioso?

La investigadora postdoctoral de MEMAT señala que existen estudios que revelan datos muy relevantes: la ansiedad matemática se desarrolla tempranamente en la infancia y es predictora de muchas situaciones que pueden acompañar a la persona a lo largo de su trayectoria educativa. Incluso, si no se aborda, podría acompañar a la persona a largo plazo e influir en sus decisiones vocacionales, el oficio o la carrera que escogerá a futuro, y en sus decisiones profesionales a lo largo de toda la vida.

Además, el estudio en el que ha colaborado la investigadora postdoctoral de MEMAT evidencia algo muy significativo: en su conjunto las y los estudiantes que ingresan a carreras de pedagogía experimentan ansiedad matemática, pero las estudiantes mujeres presentan niveles significativamente más altos que los hombres, especialmente en el ámbito de las evaluaciones de contenido matemático.

Por esto es necesario y urgente abordar este fenómeno en dos aristas: en la primera infancia, para prevenir futuros adultos/as con ansiedad matemática, y en adultos/as (madres, padres, cuidadores/as y docentes) que convivan o tengan un rol central en la socialización de niñas y niños, porque la ansiedad se puede transmitir intergeneracionalmente.

Mineduc anuncia extensión del calendario de creación de los Servicios Locales de Educación Pública

Las repercusiones de esta ansiedad a largo plazo

Si soy madre o padre, y he experimentado ansiedad matemática durante mi vida, es probable que transmita implícitamente esa ansiedad a mis hijos/as a la hora de ayudarlos/as a estudiar o hacer tareas. También se puede generar una reproducción de estereotipos de género asociados a las matemáticas, porque esta ansiedad es más frecuente en mujeres que en hombres, entonces es más probable que yo, como madre, transmita en mayor medida esa ansiedad a una hija que a un hijo”, explica Ana María.

La ansiedad matemática es más propensa a aparecer en mujeres que en hombres, y la razón de eso es justamente porque está relacionada a estereotipos de género asociados a las áreas del conocimiento. «Existe socialmente el estereotipo de que las matemáticas son un dominio masculino, o que los hombres son mejores en esta área que las mujeres, y de este modo, las mujeres experimentan ansiedad por la amenaza del estereotipo. Esta falta de confianza o aversión a las matemáticas, especialmente en las mujeres, aparece en los inicios de la trayectoria escolar y aumenta con el tiempo», añade la especialista.

La ansiedad matemática, si bien aumenta con el tiempo, se puede modificar y trabajar. Para lograr revertirla, es importante que se pueda enseñar matemáticas de una manera menos relacionada con la evaluación: «Se ha visto que lo que más genera ansiedad, son situaciones evaluativas como pruebas, responder un ejercicio en la pizarra, etc. Por esto es importante enseñar matemáticas de una manera más lúdica, utilizando juegos y en situaciones que puedan ser menos amenazantes para las y los estudiantes», asegura.

Por último, la Dra. Espinoza enfatiza en que es importante que la retroalimentación que dan los/as adultos/as a los/as estudiantes sea basada en la tarea, el procedimiento y no en la persona: «Es distinto señalar a un niño o niña que un problema no está bien resuelto y que debería fijarse en cómo realizó la operación o proceso, a decir que a ese niño o niña le cuesta realizar la operación o se le hace difícil la materia, porque así se pone una etiqueta, que hará sentir al niño o niña que hay algo malo con él/ella y que eso dificulta la resolución de la tarea».

Postulaciones a educación parvularia gratuita: conoce los detalles para acceder a una sala cuna o jardín Integra

 

 

Notas relacionadas

Deja tu comentario

Lo más reciente

Más noticias de La Hora del Futuro