En una oficina de Providencia, tres personas de menos de treinta años revisan el teléfono entre reunión y reunión. Uno mira un gráfico de Bitcoin. Otra chequea su wallet antes de almorzar. El tercero le pregunta al de al lado si conviene entrar ahora o esperar una corrección. No trabajan en finanzas. Trabajan en marketing. Pero hablan de cripto como quien habla del clima. Algo cambió en Chile y tiene cara joven. Al 68 por ciento de los millennials chilenos les interesa aprender más sobre criptomonedas. Un 71 por ciento dice que las usaría si entendiera mejor cómo funcionan. La barrera ya no es el rechazo. Es la confusión. Y la confusión se arregla con información, no con miedo.
Sin lugar a dudas, el bitcoin es la gran estrella de este ecosistema. Porque no solo es la más importante, sino es la que a muchos millennials chilenos les suena más cercana. Chile cerró 2025 en el puesto 54 del Índice Global de Adopción. No está mal. Pero tampoco alcanza para un país que tiene Ley Fintech desde 2023 y una CMF que ya otorgó 37 autorizaciones a empresas del rubro. La estructura legal existe. La tecnología está. Lo que falta es que millones de chilenos crucen la línea entre la curiosidad y la acción. Y todo indica que van a ser los menores de 40 los que empujen.
Crecieron pagando cosas que no existían y ahora les dicen que las cripto son raras
El millennial chileno promedio compró créditos en videojuegos antes de tener cuenta en un banco. Pagó suscripciones digitales con la tarjeta de los viejos. Canjeó monedas virtuales en plataformas que cerraron hace años y no le pareció raro que ese dinero no se pudiera tocar. Esa lógica les quedó grabada. Cuando aparece Bitcoin no les genera desconfianza. Les genera curiosidad. Un informe del World Economic Forum muestra que el 62 por ciento de los millennials a nivel global ya tiene un tercio de su portafolio en criptomonedas. En Chile, el 47 por ciento de los usuarios de exchanges locales tiene menos de 28 años. No es un dato menor para un país donde la banca todavía trata a las cripto como si fueran una moda pasajera.
Internet como la fuente de conocimiento
Hay un motivo práctico por el que los menores de 35 aprenden de cripto en internet y no en una sucursal. El horario. Una persona que trabaja todo el día no tiene tiempo para ir a sentarse frente a un ejecutivo que le va a explicar productos que no le interesan. A las once de la noche se mete a YouTube, encuentra un canal chileno donde alguien explica blockchain sin hablar como robot y en dos horas ya tomó una decisión. Los podcasts de inversión cripto en Chile crecieron fuerte en los últimos dos años. Hay creadores locales con decenas de miles de suscriptores haciendo lo que los bancos nunca lograron: explicar plata sin aburrir. La confianza se trasladó. Y la sucursal quedó vacía.
Tenemos una ley que muchos desconocen
Chile tiene algo que muchos países de la región no lograron: un marco regulatorio armado. La Ley 21.521 se promulgó en 2023. La CMF supervisa los exchanges. Hay reglas de transparencia y prevención de lavado. Hasta mayo de 2026 se inscribieron 179 entidades y hay más de 300 solicitudes esperando turno. Pero el chileno promedio no tiene idea de que eso existe. Esa desconexión entre lo que el Estado construyó y lo que la gente percibe es el agujero más grande del ecosistema cripto chileno. No falla la regulación. Falla la comunicación de la regulación. Y mientras eso no se resuelva, la adopción va a seguir dependiendo del boca a boca entre amigos que se pasan datos en un grupo de WhatsApp.
El perfil chileno no se parece al argentino ni al brasileño y eso tiene ventajas
En Argentina la gente compra cripto porque vivieron décadas con restricciones cambiarias. Necesidad pura. En Brasil todo se mueve por volumen institucional y marcos regulatorios más avanzados. El chileno que entra a las criptomonedas generalmente lo hace porque le picó la curiosidad. Vio algo, leyó algo, un compañero de trabajo le contó. No viene escapando de una crisis cambiaria. Viene buscando una alternativa que le haga sentido. Eso genera un usuario más lento para entrar pero mucho más difícil de espantar cuando las cosas se ponen feas. El 45 por ciento de los chilenos encuestados dijo que usaría criptomonedas para ahorrar si tuviera más información. La demanda está dormida. No muerta.
Esos son millones de personas que el sistema financiero tradicional no supo incluir. Las fintech cripto tienen esa cancha libre enfrente. Y los millennials y la Gen Z no van a esperar a que alguien les diga que está bien entrar. Ya están adentro.










