• 14 MAY DE 2026

El negocio que duerme en invierno: cómo sobreviven las empresas de matrimonios cuando no hay bodas

Matrimonios 2026 | Cedida

Entre abril y octubre, la industria nupcial entra en una pausa forzada que sus protagonistas ya tienen asumida.

Con la llegada del frío, una parte importante de la industria de eventos en Chile literalmente queda congelada. Desde abril, la realización de matrimonios cae de manera drástica y el dinamismo que caracteriza a esta actividad durante el ciclo primavera-verano prácticamente desaparece. "Tenemos que hibernar por obligación", resume Cristián Rebolledo, fundador de Banquetería Cristián Rebolledo, empresa con más de 15 años de trayectoria en el rubro. Según explica, nueve de cada diez bodas que organiza se concentran entre octubre y marzo, lo que da cuenta de la mínima actividad invernal del sector.

El factor climático obviamente aparece como la principal razón de esta estacionalidad. "La gente siempre va a preferir buen tiempo para su matrimonio", señala Rebolledo.

La mayoría de las ceremonias y cócteles se desarrollan al aire libre, por lo que la lluvia y el frío alteran completamente la experiencia. A eso se suma el cambio de horario: en verano oscurece más tarde, lo que permite celebraciones más largas.

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Matrimonios 2026: celebraciones más conscientes, personalizadas y centradas en la experiencia

También existen ciertos elementos menos evidentes. "Los vestidos de novia, por ejemplo, están pensados para el verano. Son ligeros, con hombros y espalda descubierta. Usarlos en invierno es un desafío", advierte.


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La baja actividad genera un efecto dominó en toda la cadena de proveedores. Luis Pérez, gerente comercial de Huracán Arriendos, empresa dedicada al arriendo de mobiliario y equipamiento para eventos, asegura que durante los meses fríos "la demanda baja cerca de un 90%". Al tiempo en que mesas, sillas y mantelería siguen teniendo cierto movimiento en celebraciones bajo techo, otros productos prácticamente desaparecen de circulación.

"Esto afecta a todos: floristas, músicos, transportistas, empresas de carpas y mobiliario. Es un efecto cascada para todo el rubro", sostiene.

El impacto se percibe especialmente en los centros de eventos. "Ya tenemos contemplada esta pausa en nuestra actividad", describe Mariajosé Heredia, administradora de Playa Castilla Lounge, centro localizado en El Tabo (Región de Valparaíso), que se especializa en la realización de matrimonios a orillas del mar.

"La temporada baja comienza desde la segunda quincena de abril hasta después de las Fiestas Patrias, son casi seis meses de receso", continúa ella, para precisar que ciertos costos fijos no perdonan el detrimento de la actividad. "Los gastos siguen, sean créditos de inversión, dividendos, mantención o mejoras de infraestructura", añade.

Para enfrentar el vacío, algunos centros ofrecen descuentos de hasta un 20% durante los meses fríos, una estrategia para atraer celebraciones de menor escala como cumpleaños o aniversarios.

Sin embargo, esa rebaja no se replica en todos los costos: en banquetería, la alimentación y el personal tienen valores fijos que no admiten ajuste. Malte Berg, director de Hacienda Loreto, centro de eventos de Calera de Tango que suele tener agenda llena en verano, grafica cómo subsisten en invierno.

"Quedamos en modo de espera, literalmente. La planta de personal baja, permanece una parte administrativa y el equipo de mantenimiento, nada más", sostiene.

Lo que ayuda a sostener la caja durante ese período son las reservas que van cerrando las parejas para la temporada siguiente: un flujo menor, pero que permite mantener la operación en pie.

"En estos meses nos apoyamos en los eventos futuros, que se agendan en este tiempo y cuyas reservaciones ayudan a cubrir los gastos invernales y generar algo de caja", explica Heredia. "Durante el invierno dependemos mucho de que los clientes que cotizan finalmente nos visiten y concreten con nosotros", complementa Berg.

Respecto a la dimensión laboral, la estacionalidad tiene una cara poco visible: cerca del 70% de quienes trabajan en el rubro lo hacen bajo modalidad part-time.

"Si la actividad se mantuviera constante durante todo el año, existiría una planta estable mucho más grande, pero la demanda se concentra en los meses cálidos", explica Rebolledo.

El escenario incluye garzones que durante la semana se desempeñan en otros sectores, estudiantes que aprovechan sus fines de semana libres y trabajadores de cocina que en días hábiles trabajan en casinos o servicios de alimentación.

Berg lo resume de forma simple: "En la temporada baja esos puestos prácticamente desaparecen. Volvemos a encontrarlos cuando regresa la actividad".

Con los años, quienes forman parte de la industria terminan asumiendo casi con resignación una lógica financiera inevitable: la temporada alta debe sostener gran parte del año operativo.

"Se hace imprescindible tener una buena administración y flujos de caja que permitan que los meses fuertes financien los periodos de baja actividad", explica Rebolledo, aludiendo a costos permanentes como servicios, bodegaje, mantención y personal, que continúan existiendo incluso cuando no hay eventos.

Berg coincide con esa mirada: "Aprendimos a convivir con estos meses de pausa obligada. Costó al principio, pero hoy sabemos que es parte de la actividad y nos preparamos cada año para enfrentar este tiempo".

Pedro Mendoza

CM de @lahoraoficial, productor de La Hora TV y cinéfilo.
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