Hay momentos en televisión en que lo más importante no es el rating, ni la polémica, ni quién ganó una discusión. Hay momentos en que aparece algo mucho más escaso: la honestidad.
Fernando Solabarrieta volvió a Sin Filtros y tuvo la valentía de reconocer algo que muy pocos personajes públicos están dispuestos a decir: que no debió haber llegado en las condiciones en que llegó, que no debió haber hecho ese programa y que aquello fue un error.
Y para mí, reconocerlo públicamente no lo hace más débil. Todo lo contrario. Lo hace más grande.
La televisión es despiadada. La cámara registra todo. No pregunta si estás pasando por un buen o un mal momento. No espera que soluciones tus problemas. Se enciende la luz roja y hay que estar ahí. Por eso, cuando alguien tiene la transparencia de mirar hacia atrás y decir "me equivoqué", merece respeto.
Fernando hizo justamente eso.
No buscó esconderse detrás de una explicación fácil ni transformar lo ocurrido en una excusa. Enfrentó el episodio, habló de él y asumió que aquella aparición televisiva no debió ocurrir. Eso requiere valentía.
Todos quienes hemos trabajado muchos años en televisión sabemos que existen momentos en que uno debería decir que no. Pero también sabemos que no siempre somos capaces de hacerlo. El ego, las obligaciones profesionales, la exposición permanente y las circunstancias personales pueden llevarnos a cruzar una puerta que nunca debimos haber abierto.
Por eso valoro tanto sus palabras.
También creo que este episodio deja una enseñanza para nuestra industria. Detrás del personaje televisivo existe una persona. Y cuando esa persona atraviesa una enfermedad o una situación compleja, la televisión debe ser capaz de poner límites. Hay enfermedades que dejan heridas profundas y procesos que no desaparecen simplemente porque se encienda una cámara.
Fernando no necesita que nadie lo juzgue desde un escritorio. Necesita, como cualquier ser humano, respeto.
Yo prefiero quedarme con el hombre que regresó y fue capaz de reconocer lo sucedido. Con el profesional que puso las palabras donde antes hubo silencio. Con alguien que entendió que la transparencia también consiste en mostrar nuestras equivocaciones.
Fernando, te felicito.
Se necesita mucho más coraje para reconocer un error que para intentar esconderlo.
En una televisión donde tantas veces abundan las explicaciones acomodadas, escuchar a alguien asumir lo ocurrido tiene un enorme valor.
Todo mi respeto y todo mi aprecio para tus palabras.
Porque caer puede ocurrirle a cualquiera. Pero levantarse, mirar de frente y decir "esto no debió ocurrir" es un acto de valentía.
Y esta vez, Fernando Solabarrieta, fuiste valiente.









