• 13 AGO DE 2026

El nuevo estándar regulatorio y el rol del compliance en la gestión corporativa

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La transparencia y la prevención de riesgos dejaron de ser un valor agregado para convertirse en un requisito de negocio. Así es como el compliance se posiciona como una función estratégica dentro de las organizaciones.

Las organizaciones de todos los tamaños operan hoy bajo un escrutinio regulatorio que hace apenas una década era impensado. Nuevas leyes, mayor fiscalización y una ciudadanía más atenta a la conducta empresarial han empujado a las compañías a repensar cómo gestionan sus riesgos internos y externos. En ese contexto, el compliance se ha consolidado como una de las funciones más relevantes dentro de la gestión corporativa moderna.

Un entorno cada vez más exigente

Según la Encuesta Global de Cumplimiento 2025 de PwC, el gobierno corporativo, la lucha contra el soborno y la corrupción, y los riesgos de fraude figuran entre las prioridades más altas para los equipos de cumplimiento a nivel mundial, lo que refleja el esfuerzo de distintos países e industrias por reforzar sus estándares de transparencia.

A esto se suma que, de acuerdo con la Encuesta Global sobre Delitos Económicos 2024 de PwC, el 81% de los ejecutivos percibe mayores esfuerzos gubernamentales para hacer cumplir las leyes anticorrupción, aunque un 42% de las empresas aún carece de un programa sólido de gestión de riesgos con terceros. Esta brecha entre la exigencia regulatoria y la capacidad real de respuesta es, precisamente, el espacio que las áreas de cumplimiento buscan cerrar.

En el ámbito local, la Unidad de Análisis Financiero (UAF) reportó que durante 2025 recibió más de 1,6 millones de Reportes de Operaciones en Efectivo por parte de entidades privadas, con los bancos concentrando más del 70% de estos envíos, lo que evidencia el volumen de información que hoy circula entre empresas y organismos fiscalizadores en materia de prevención de lavado de activos.


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Más allá de la obligación legal

El compliance no debe entenderse únicamente como una respuesta a exigencias legales. Su valor real está en la capacidad de identificar, gestionar y monitorear riesgos de forma permanente, antes de que se conviertan en crisis reputacionales, sanciones o pérdidas económicas.

Esto implica, entre otras cosas:

  • Establecer procesos claros de debida diligencia con clientes, proveedores y colaboradores.
  • Contar con canales de denuncia efectivos.
  • Generar trazabilidad sobre las decisiones y operaciones que realiza una empresa.

La misma Encuesta Global sobre Delitos Económicos 2024 de PwC señala que el 55% de las empresas identifica el fraude en adquisiciones como una preocupación generalizada, aunque solo el 26% utiliza analítica de datos para detectar patrones inusuales. La tecnología, en ese sentido, aparece como una aliada todavía subutilizada.

Compliance: una función que fortalece la gestión integral

Cuando el compliance se integra de forma transversal a la operación, y no como un departamento aislado, sus beneficios se extienden a toda la cadena de valor, ya que permite mejorar la trazabilidad de los procesos, reducir la exposición a riesgos asociados a terceros y promover una cultura organizacional más ética y transparente.

Las organizaciones que logran gestionar mejor este nuevo entorno suelen compartir algunos rasgos comunes: incorporan distintas miradas en la toma de decisiones, anticipan riesgos antes de que se materialicen, integran la tecnología de forma estratégica y mantienen una cultura de aprendizaje continuo. Más que la existencia de políticas formales, es la coordinación efectiva entre las distintas áreas de una empresa lo que permite que la gestión de riesgos genere valor real y sostenible en el tiempo.

El nuevo estándar regulatorio ya no distingue entre grandes corporaciones y pequeñas empresas, pues todas están llamadas a demostrar que gestionan sus riesgos de manera responsable. En ese escenario, entender qué es el compliance y cómo aplicarlo se vuelve un paso indispensable para cualquier organización que quiera operar con transparencia, sostenibilidad y confianza frente a sus grupos de interés.