Las pantallas llegaron para quedarse, pero también ha crecido la conciencia sobre la importancia de que los niños sigan jugando lejos de ellas. Según una encuesta realizada este año por el Centro UC de la Familia y la Escuela de Trabajo Social UC, el 67% de los padres de niños menores de seis años reconoce que sus hijos usan diariamente las pantallas de los teléfonos celulares, mientras que cerca del 60% considera que esa exposición debería limitarse a un máximo de 30 minutos al día. A ello se suma que la edad promedio para acceder al primer celular con internet en Chile descendió de 11 años en 2016 a 8,9 años en 2022, de acuerdo con el estudio Kids Online Chile, desarrollado por la Pontificia Universidad Católica, la Universidad de Chile, el Ministerio de Educación y UNICEF.
Para Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O'Higgins (UBO), existe una creciente preocupación por el uso excesivo de dispositivos, pero eso no siempre se traduce en cambios concretos dentro de las familias. "Hoy contamos con más información sobre los riesgos asociados al sobreuso de pantallas, pero estas siguen ocupando un lugar privilegiado en la infancia. El desafío no pasa solo por restringirlas, sino por fortalecer el acompañamiento de los adultos y seguir priorizando las experiencias presenciales", señala.
La especialista explica que el juego sin pantallas aporta beneficios que van mucho más allá del entretenimiento. "Favorece la creatividad, la flexibilidad cognitiva, la planificación, la regulación emocional y la tolerancia a la frustración. Además, cuando los niños juegan con otros desarrollan empatía, cooperación, negociación y aprenden a resolver conflictos de manera natural". Incluso, agrega, permitir que experimenten momentos de aburrimiento también es positivo: "El aburrimiento está profundamente relacionado con la creatividad y hoy tendemos a evitarlo permanentemente".
Esta revalorización del juego físico también comienza a reflejarse en la industria del juguete. Más que experiencias completamente dirigidas, las familias buscan propuestas que permitan a los niños crear historias, compartir con otros e imaginar nuevos escenarios.
"Hoy vemos un renovado interés por juguetes que invitan a construir historias propias y a jugar con otros. Más allá de coleccionar personajes, lo que realmente conecta con los niños es la posibilidad de inventar aventuras, intercambiar figuras y desarrollar un universo que cambia cada vez que juegan", comenta Indra Ribalta, jefa de Marketing de SuperThings en Chile, juguetes que llegaron al país con una divertida propuesta de figuras coleccionables inspiradas en objetos cotidianos transformados en héroes y villanos, quienes habitan Kaboom City y protagonizan distintas aventuras.
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"Los personajes son solo el punto de partida; la historia finalmente la crean los propios niños. Ellos pueden formar equipos, cambiar los roles, imaginar nuevos conflictos e incorporar cada figura a relatos distintos, lo que permite que la experiencia de juego se renueve constantemente", añade Ribalta.
Tartakowsky destaca que incluso los juegos coleccionables pueden aportar al desarrollo infantil cuando mantienen su carácter lúdico. "Favorecen el sentido de pertenencia, la socialización y la perseverancia, siempre que el foco siga estando en disfrutar el proceso y no en la obsesión por completar una colección".
De cara al Día del Niño, la académica hace un llamado a que la celebración vaya más allá del regalo. "Ojalá sea una oportunidad para compartir en familia, dejar por un momento los smartphones y generar experiencias que potencien la creatividad, la conversación y el juego compartido. Ese tiempo de calidad sigue siendo uno de los mejores regalos que podemos ofrecerles a los niños".