Durante años, el padre chileno ha sido definido principalmente por su capacidad de proveer. Sin embargo, detrás de ese rol tradicional existe una realidad que pocas veces aparece en las conversaciones sobre bienestar laboral: hombres que sostienen económicamente a sus familias, enfrentan crecientes exigencias laborales y emocionales, pero que rara vez reciben reconocimiento por ello.
Para Paulina Gutiérrez, experta en reconocimiento laboral y fundadora de Somos Reconoce, se trata de una forma de invisibilidad que sigue profundamente instalada en la cultura organizacional.
"Ser padre trabajador hoy implica una carga emocional súper grande. Muchos hombres siguen sintiendo que su principal valor está en proveer, pero muy pocas veces reciben reconocimiento emocional por ese esfuerzo", explica.
La situación también se refleja en distintos indicadores. Según datos del Ministerio del Trabajo difundidos por Randstad, durante 2024 se otorgaron 73.683 subsidios de postnatal parental en Chile, pero solo 175 hombres utilizaron este beneficio, equivalente al 0,23% del total. Aunque el acceso existe, las cifras muestran que la participación masculina en tareas de cuidado sigue siendo excepcional, manteniendo vigente el mandato cultural que asocia la paternidad principalmente con la provisión económica.
Para la especialista, este fenómeno no solo influye en la forma en que los hombres viven la paternidad, sino también en cómo enfrentan su vida laboral. "Muchos crecieron con la idea de que deben ser fuertes, resolver problemas y seguir adelante sin mostrar cansancio o vulnerabilidad. Eso genera una desconexión importante con sus propias emociones y muchas veces les impide pedir ayuda o expresar lo que están viviendo", señala.
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Salud mental masculina en alerta
Diversos indicadores sugieren que esta realidad comienza a tener efectos concretos. De acuerdo con cifras de Grupo Cetep y la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), las licencias médicas asociadas a trastornos de salud mental en hombres aumentaron un 226% durante la última década, reflejando una problemática que ha ganado visibilidad dentro de los espacios laborales.
Gutiérrez sostiene que muchas organizaciones todavía enfocan sus esfuerzos de bienestar en beneficios tangibles, dejando en segundo plano aspectos relacionados con el reconocimiento cotidiano y la valoración humana de los equipos. Según explica, uno de los elementos más subestimados dentro de las empresas es el impacto que tiene sentirse visto y apreciado por compañeros y jefaturas.
El valor del reconocimiento
En el trabajo que ha desarrollado con distintos equipos, la especialista afirma haber observado cómo instancias simples de reconocimiento generan reacciones inesperadas entre los trabajadores hombres. "Los hombres agradecen muchísimo más de lo que creemos estos espacios de apertura emocional. Muchas veces se emocionan cuando alguien les dice en voz alta que son importantes para el equipo o que valoran lo que hacen. Porque no están acostumbrados a escucharlo", comenta.
La experta explica que estas experiencias permiten visibilizar una dimensión que suele quedar fuera de las evaluaciones de desempeño y los indicadores de productividad: la persona detrás del trabajador. "Hay hombres que llevan años funcionando en piloto automático, cumpliendo, resolviendo y sosteniendo a otros, pero sintiéndose invisibles emocionalmente. Y cuando reciben reconocimiento genuino, cambia completamente la manera en que viven su trabajo", sostiene.
Más allá de los beneficios laborales
Para Gutiérrez, el desafío para las organizaciones no pasa únicamente por implementar beneficios o acciones específicas para el Día del Padre, sino por construir culturas laborales donde las personas puedan sentirse valoradas de manera permanente. "El reconocimiento no pasa solo por un regalo para el Día del Padre, pasa por generar espacios donde las personas realmente puedan sentirse vistas, importantes y valoradas", afirma.
En un escenario donde el bienestar y el equilibrio entre la vida personal y laboral ganan cada vez más relevancia para los trabajadores, la especialista advierte que reconocer la experiencia emocional de los padres podría transformarse en una herramienta clave para fortalecer el compromiso, la salud mental y el sentido de pertenencia dentro de las organizaciones.