Según el estudio "Burnout Laboral 2025: Conectando productividad y bienestar en Latinoamérica", un 12% de los trabajadores en Chile afirma vivir estrés laboral crónico de forma frecuente. Pero el dato más preocupante es otro: un 57% de quienes sufren burnout se siente deprimido en su entorno laboral, el nivel más alto de la región. En ese contexto, señales como reuniones silenciosas, equipos desconectados o falta de ideas podrían tener una causa más profunda de lo que parece.
Según advierte Pablo Fuenzalida, experto en transformación organizacional y docente de la Universidad Adolfo Ibáñez, no siempre se trata de falta de compromiso, sino de un problema biológico asociado al estrés sostenido.
El desgaste que las empresas no están viendo
El concepto de carga alostática, proveniente de la neurociencia, explica este fenómeno: es el costo acumulado que paga el cuerpo cuando el sistema de estrés se mantiene activado sin pausas de recuperación.
"Lo que muchos líderes interpretan como falta de compromiso es, en realidad, neurobiología", explica. Cuando el estrés se cronifica, el cortisol impacta la corteza prefrontal, reduciendo capacidades como la planificación, la creatividad y la regulación emocional. En ese estado, los equipos no operan desde la innovación, sino desde la supervivencia, lo que se traduce en menor velocidad, menor calidad de decisiones y pérdida de coordinación.
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Señales de alerta: equipos que dejan de funcionar igual
El problema suele ser visible, pero mal interpretado. Reuniones con poca participación, falta de ideas, personas que parecen estar pero no conectan, mayor irritabilidad y decisiones más conservadoras son parte del patrón.
Hay una señal especialmente crítica: los equipos dejan de levantar problemas. No porque no existan, sino porque sienten que no hay un espacio seguro para hacerlo.
El rol del liderazgo: cuando el control empeora todo
En escenarios de presión, muchos líderes reaccionan aumentando el control. Pero eso puede agravar el problema. Al reducir la autonomía y la confianza, se limita la capacidad del equipo para aprender, adaptarse e innovar.
"El control no es la causa, es el síntoma de la pérdida de confianza", sostiene Pablo Fuenzalida. Desde una mirada sistémica, agrega, una parte significativa del bajo desempeño atribuido a las personas tiene su origen en el clima relacional y en los comportamientos de liderazgo que configuran —o limitan— la seguridad psicológica dentro de los equipos.
Impacto real: menos productividad y más desgaste
El estrés crónico no solo afecta el ánimo, también impacta directamente el rendimiento.
A nivel cognitivo, deteriora la memoria, la flexibilidad mental y la toma de decisiones. A nivel relacional, fragmenta los equipos y reduce la empatía.
En lo organizacional, esto se traduce en costos concretos: mayor rotación, ausentismo y caída en la productividad. Según datos citados por el especialista, el burnout puede representar entre un 15% y un 34% del costo anual en salarios.
Qué pueden hacer las organizaciones
Frente a este escenario, el experto propone cambiar el enfoque del liderazgo: dejar de centrarse solo en la tarea y poner el foco en las personas. "Un equipo agotado no necesita más presión, necesita recuperación", enfatiza.
Entre las acciones clave:
- Generar espacios de escucha real, sin foco evaluativo
- Reducir cargas innecesarias
- Revisar cómo lideran bajo presión
- Construir confianza desde acciones concretas
Además, advierte que el bienestar no es un "extra". Hábitos como el ejercicio físico cumplen un rol clave en la regulación del estrés y en el funcionamiento cognitivo.
El punto crítico: la confianza
Más allá de procesos o estrategias, el factor decisivo está en las relaciones dentro del equipo."La confianza es la infraestructura invisible del desempeño. Cuando se deteriora, todo lo demás empieza a fallar", concluye.