Tim Payne se convertirá en refuerzo de un grande de Sudamérica: el lateral derecho es fenómeno mundial
Así el desconocido Wellington Phoenix de Nueva Zelanda quedará en el pasado.
Pese a que no logró clasificar, eso no apaga la pasión de un país que vivirá cada partido frente al televisor.
Mientras el mundo del fútbol vive a pleno la emoción del Mundial 2026, los aficionados chilenos lo siguen este año con un sabor agridulce: la Roja no logró clasificar, pero eso no apaga la pasión de un país que vivirá cada partido frente al televisor. Sin la propia selección en juego, no falta quien siga de cerca a las otras potencias, comparando cuotas e incluso registrándose con el código promocional stake para acompañar el análisis previo de los partidos. Y justo en este contexto, en el que Chile mira el torneo desde la distancia, quisimos detenernos en algo profundamente importante para los chilenos: el recuerdo de aquella gesta de 1962, cuando la Roja alcanzó su mejor actuación histórica en una Copa del Mundo.
¿Cómo empezó todo?
La historia del fútbol sudamericano guarda un dorado capítulo en la memoria colectiva de los aficionados chilenos, un relato que se remonta al año de 1962, cuando todo un país se unió después de un devastador terremoto para llevar a cabo un torneo que parecía imposible y que terminó convirtiéndose en la mayor gesta deportiva de la nación austral. Bajo la dirección técnica de Fernando Riera, la selección anfitriona entró al campo dispuesta a enfrentarse a los gigantes mundiales, desencadenando una locura colectiva que cambió por completo el panorama deportivo nacional y puso de manifiesto cómo las condiciones climáticas y geográficas de cada sede son determinantes en el rendimiento de los atletas. Este torneo se organizó demostrando la inmensa capacidad de superación del pueblo chileno en tiempos de adversidad, actuando como un motor de reconstrucción y orgullo propio que dejó paralizadas las ciudades, llenó las calles de banderas y unió a todos los estratos sociales en torno a un objetivo común, evidenciando cómo el desarrollo del campeonato afectó positivamente la moral de la población durante todo ese periodo histórico.
El inolvidable Mundial de 1962
En la fase de grupos, el camino inició con paso firme al vencer a Suiza y superar luego a una durísima escuadra de Italia en un encuentro que pasó a la posteridad por su extrema intensidad física, un arranque espectacular que instaló al combinado local en la siguiente ronda a pesar de una caída posterior ante Alemania Federal. En cuartos de final le esperaba la temible Unión Soviética liderada por el legendario portero Lev Yashin, pero la delantera chilena dio una exhibición de coraje y efectividad para sellar un triunfo por dos goles a uno en el norte del país, desatando la locura en todos los rincones del territorio y metiendo de lleno a la escuadra roja entre las cuatro mejores selecciones del globo.
En las semifinales, la ilusión de levantar el codiciado trofeo se topó con la poderosa selección brasileña de Garrincha, un equipo que desplegó un juego brillante y que terminó imponiéndose en un vibrante partido de seis anotaciones que terminó con un marcador de cuatro por dos a favor de los futuros campeones, apagando momentáneamente el sueño de disputar la gran final, pero dejando intacto el orgullo de un plantel que todavía tenía una cita muy importante con la inmortalidad deportiva. Apenas tres días después de aquella dolorosa eliminación, los guerreros de Riera nuevamente se vistieron de corto para enfrentar el compromiso por el tercer lugar ante la exigente selección de Yugoslavia en el Estadio Nacional de Santiago.
El compromiso final se mantuvo cerrado y muy disputado en cada sector del campo, con las dos plantillas agotadas por el desgaste del torneo, pero decididas a subir al podio de honor, igualdad que se rompió de forma dramática en el último minuto del juego gracias a un zapatazo agónico de Eladio Rojas que desvió un defensor y se metió en el fondo de las mallas contrarias.
Con el pitido final se confirmó el contundente uno a cero que certificó el tercer puesto para Chile, la mejor ubicación que ha conseguido la Roja en toda su historia mundialista y un hito inolvidable que coronó a una generación de oro compuesta por figuras imperecederas como Leonel Sánchez, un logro descomunal que demostró que con organización y corazón se puede competir de tú a tú con la élite del deporte rey.
Así el desconocido Wellington Phoenix de Nueva Zelanda quedará en el pasado.
Los octavos miden carácter, precisión y capacidad para corregir rápido.
Pese a que no logró clasificar, eso no apaga la pasión de un país que vivirá cada partido frente al televisor.