Una inédita alianza prueba telas textiles con bactericidas metálicos para evitar la automutilación y la infección por hongos en pingüinos.
La situación del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) en el ecosistema chileno es crítica: según estimaciones ambientales, la población de esta especie amenazada ha caído más de un 70% en las últimas tres décadas, quedando un número inferior a las 12.000 parejas reproductoras en todo el país.
A esta vulnerabilidad se suma que cerca del 30% al 40% de los ejemplares que ingresan a centros de rescate marinos presentan traumas severos provocados por la interacción humana, como cortes por hélices de embarcaciones, enmalles con redes de pesca o ataques de depredadores.
Sin embargo, el mayor obstáculo para los veterinarios no es solo curar al animal, sino lograr que no se provoque complicaciones postquirúrgicas. Al entrar en estrés durante la rehabilitación, los pingüinos tienden a picotearse compulsivamente el pecho o la espalda, retirándose los puntos de sutura e infectándose las lesiones.
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La barrera contra la automutilación
Para frenar esta problemática, la ONG Conservación Humboldt y la firma Kimbavet unieron fuerzas para adaptar la tecnología textil de tela inteligente "BodyCobre®", desarrollada originalmente para perros y gatos, a la anatomía de los pingüinos.
"El gran problema es que estos animales no se pueden vendar por períodos largos. Ellos mismos se molestan la herida, se picotean y se sacan los puntos. Necesitábamos una forma de aislar la lesión y evitar que se autodañen", explicó el Dr. Tomás Pino Damke, presidente de Conservación Humboldt.
El uso de partículas de cobre y zinc no es menor: estudios farmacológicos demuestran que estas fibras textiles logran eliminar más del 99,9% de bacterias u hongos en la piel, un factor crucial si se considera que las infecciones por humedad en aves marinas representan una de las principales causas de mortalidad en cautiverio.
Pruebas de calce y futuro de la especie
Adaptar una prenda pensada para mascotas domésticas a la fisonomía hidrodinámica de un ave marina requirió moldes especiales. La primera fase de evaluación contó con la ayuda del Buin Zoo, institución que facilitó un ejemplar para realizar las primeras pruebas de calce y verificar que la tela no limitara el movimiento de las alas o el cuello.
"No se trata de ponerle la ropa de un gato a un pingüino. Existe un trabajo de diseño y comportamiento enorme. Tenemos que evaluar cuidadosamente cómo responde la prenda para que sea una herramienta real en la conservación", destacó Adolfo Momares, director de Textil Kimba.
El proyecto avanza actualmente en etapas de evaluación en La Serena. De resultar exitoso, se convertirá en un hito de la innovación veterinaria chilena para devolver sanas y salvas a las pocas miles de ejemplares que aún navegan por las aguas del Pacífico.