Hinchas de Colo Colo fueron baleados mientras pintaban mural en La Pintana: Barristas de la U serían los autores
Según antecedentes, un grupo de desconocidos, quienes serían hinchas azules, perpetró los disparos desde un vehículo en movimiento.
Esta semana vivimos una experiencia que demuestra cómo la inteligencia artificial, al menos hasta 2026, sigue necesitando convivir con las áreas creativas y con el criterio humano.
Como Escuela de Comunicación de Duoc UC impulsamos el primer concurso nacional de publicidad 100% desarrollada con IA. Participaron 18 duplas de primer año de Maipú, quienes compitieron en rondas de 10 minutos resolviendo casos reales de comunicación para marcas nacionales e internacionales.
Lo interesante del formato fue que las propuestas debían construirse íntegramente con herramientas de inteligencia artificial, mientras en la pantalla principal observábamos en tiempo real cómo los estudiantes iteraban entre distintas plataformas: ajustaban prompts, descartaban ideas, probaban enfoques distintos y refinaban resultados.
Y ahí apareció algo muy interesante.
En las primeras rondas, las plataformas entregaban resultados extremadamente parecidos entre sí: campañas genéricas, llenas de clichés, visualmente correctas pero poco creativas. Mucho lugar común, poca personalidad. Sin embargo, cuando los semifinalistas y finalistas tuvieron más tiempo para profundizar sus ideas, comenzaron a aparecer propuestas muchísimo más interesantes. No porque la IA "pensara mejor", sino porque los estudiantes empezaron a hacer mejores preguntas, a desafiar las respuestas iniciales y a exigir otros puntos de vista.
La principal conclusión fue bastante clara: la IA sin curatoría humana todavía produce ideas básicas, uniformes y sin identidad. La diferencia sigue estando en la capacidad humana de interpretar contextos, conectar emociones y tomar decisiones con intención estratégica.
La inteligencia artificial es impresionante, pero no crea desde la experiencia humana. Construye a partir de información previa, de patrones y datos que nosotros mismos le hemos entregado durante años. Puede imitar estructuras, estilos y tonos, pero difícilmente podrá crear desde la emoción real.
A una inteligencia artificial nunca se le va a morir un hijo. Nunca vivirá una ruptura amorosa. Nunca sentirá vergüenza, miedo o bullying. Y justamente muchas de las grandes campañas, canciones, películas o poemas nacen desde ahí: desde emociones profundamente humanas.
Por eso, más que reemplazar a las industrias creativas, hoy la IA parece transformarse en un complemento extraordinario. Es rápida, eficiente, no se cansa y puede multiplicar la productividad. Pero sin la mirada de un profesional creativo, muchas veces entrega resultados técnicamente correctos, aunque vacíos. Correctos, pero sin alma.
Y quizás ese sea el verdadero desafío para las nuevas generaciones: aprender a trabajar con inteligencia artificial sin perder aquello que todavía nos hace únicos.
Según antecedentes, un grupo de desconocidos, quienes serían hinchas azules, perpetró los disparos desde un vehículo en movimiento.
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