• 21 FEB DE 2024

El desafío de ser madre, padre o cuidador principal: en la presencia y en lo digital

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Los efectos de la no regulación del uso constante de pantallas son nocivos para la salud física y mental de los niños y niñas, por ende, el hecho de ejercer presencia se torna más que necesario.

Ser cuidador principal de un niño, niña o adolescente hoy exige el doble desafío, de serlo en el mundo presencial y en lo online. Como ya hemos hablado en otras columnas, los efectos de la no regulación del uso de pantallas son nocivo para la salud física y mental de lo/as niño/as y, por tanto, el acompañamiento o la mediación parental digital activa (Livingston, 2018) se torna muy necesaria.

De esta manera, los adultos que estamos a cargo de niño/as o adolescentes, tenemos el primer desafío de poder entonces contar con alfabetización digital, en sencillo, tener las competencias necesarias para “moverse” en un mundo multipantallas, que evoluciona con velocidad vertiginosa y que muchos de nosotros/as desconocíamos por completo.

Entonces lo primero, para ejercer parentalidad en el mundo digital es comprender, conocer, y evaluar las plataformas de manera crítica; todo lo cual requiere múltiples competencias en un mundo altamente competitivo, exitista y que poco promueve el trabajo colaborativo versus la competencia. Entonces no es desafío menor.


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Si está leyendo esto, y siente que no sabe, no tenga miedo de “no saber”. Lo relevante es no ser dobles ciegos e ignorar este no conocimiento y no hacer algo. Para ello no es necesario que se capacite con un curso, puede pedir apoyo de familiares o amigo/as adultos cercanos, que, dado sus oficios, muchas veces, tienen una vinculación y conocimiento más estrecho con la tecnología.

a_uno_1318561.jpg, Agencia Uno
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Lo segundo, es saber que este aprendizaje es continuo, ya que la tecnología avanza a velocidades que impresionan y, por otra parte, nuestro/as niño/as o adolescentes también crecen y sus preferencias se van modificando. Es un aprendizaje para toda la vida.

En tercer lugar, el autor Tió el año 2020 definió la parentalidad digital con tres elementos, que resultan del todo pertinentes. En primer lugar, el de PRESENCIALIDAD que alude al hecho de ser y estar presentes en la vida de nuestros hijo/as. De esta forma, usar la tecnología a favor del vínculo, considerado por supuesto, la edad y circunstancias de vida de éste.

Mensajes de WhatsApp de aliento en días de pruebas (por ejemplo, ahora que estamos en Chile ad portas rendir la PAES para el ingreso a la vida universitaria). Y hacerlo desde la confianza, no desde el rol de “investigador privado”, para que el niño/a o adolescente se sienta acompañado/a, no controlado/a.

En segundo lugar, este autor nos habla de la PROGRESIVIDAD, la que considera un incremento de uso de acuerdo a la edad del niño o niña y además la propia idiosincrasia de él o ella y la familia. Esta introducción paulatina al mundo digital posibilita la necesaria calma, reflexión y el establecimiento de medidas consensuadas (por ejemplo: no comer con pantallas).

En tercer lugar, se habla de PERMISIBILIDAD, o sea, delimitar, negociar y consensuar directrices familiares en relación a las pantallas. Determinar qué se permite, cuáles, dónde y cómo, son preguntas cruciales para responder en conjunto.

Estas directrices deben ser conocida por todos los miembros de la familia, con diferencias por rango etario y responsabilidades, pero siempre a la luz de que los límites son demostraciones de cariño, educación y actos de amor.

Es ideal que la regla se converse, para intercambiar propuestas, lo que ayuda a que los niño/as y adolescentes fomenten su responsabilidad y cumplimiento, dado que se sienten escuchado/as e implicados en las pautas que se establecieron, además que fomenta en ello/as la necesaria capacidad crítica de los medios.

Espero que estas ideas vayan aportando en complejidad de ser cuidador principal en este siglo.