Este martes, con parte de mi familia, asistí a ver la sexta presentación de Ricardo Arjona en Chile. "Lo que el Seco no Dijo" se llama el tour. Si bien ya lo había visto en vivo años atrás, opté por volver a ver un show de este cantautor y la verdad es que el mito y la mentira deben terminar.
Para comenzar, la puesta en escena no es buena, es extraordinaria. Sus músicos, entre ellos una chilena, más una violista que se lleva las miradas, son notables, entretenidos y carismáticos. Las coristas, una española que le entrega otra visión a canciones que son éxitos, les da una nueva vida. El contexto del show cuadra hasta con cada palabra de Arjona; al público le habla de manera precisa y la complicidad es máxima al cantar una canción. Incluso la participación de Emilia Dides entra en el momento preciso del show.
Pero debo ser honesto con ustedes: el público que asiste, en un alto porcentaje mujeres, cree que las canciones de Arjona son solo para ellas, y la verdad yo creo que no, y para mí esa mentira y ese mito deben morir.
Arjona hace canciones para mujeres, pero las hace para que los hombres las cantemos con él, ya que las canciones que canta nos representan. Es como tener un amigo, un socio que te da una mano, ya que además él puede decir, cantar y hacer lo que quiera. Ya quisiera uno ese don, porque les aseguro que si las mismas palabras las cantara o dijera cualquier mortal como yo, lo más probable es que estemos en el purgatorio colgados de no sé dónde. ¿O acaso no me creen?
Pero si es muy simple: Arjona puede decir que la culpable fuiste tú, puede decir que encuentra el punto exacto, puede decir a las mujeres que les gustan los finales perfectos de novelas, puede decir que las mujeres no se enamoran de uno, sino de ellas cuando están con uno, y cuántas otras más. Él les dice que calienta el banco de suplentes. Arjona puede decir que es patas negras o que anduvo tomando en un bar con una prostituta, y las mujeres lo aman. Increíble. Crack. Ricardo Arjona, eres un puto crack.
Ya me veo yo u otro chileno diciendo y contando todo esto a su mujer, a la amiga o a la amiga con ventaja. Te castran, viejo, las chilenas te castran. Pero a él lo aman. ¿Qué más da? El que puede, puede, ¿no?
El martes vi a un tipo diciendo y cantando lo que quiere, con la experiencia que adquieren algunos cincuentones (hay algunos que no maduran, eso sí). Arjona está viajando en un taxi contando su historia y con un recorrido muy concreto, cantándole al mundo que está más orgulloso que nunca de sus raíces y de ser guatemalteco. Es como si hubiese una deuda o asignatura pendiente de él con su pueblo.
En fin, hay muchos hombres arjonistas en Chile; algunos a cara descubierta, como yo; otros más ocultos y algunos que aún no salen del clóset, pero a la larga van a salir. Este guatemalteco, si te atrapa, pasas a ser parte de su séquito.









