• 27 MAR DE 2026

La urgencia de apagar la inercia: el rol de las universidades estatales

David Silva-Rodríguez | Representante Institucional de la Universidad de Los Lagos en la RED Compromiso con el Desarrollo Sustentable-Cuech y director del departamento de recursos naturales y medio ambiente, Universidad de los Lagos.

Cada año, la Hora del Planeta nos convoca a apagar las luces durante 60 minutos. Este gesto, aparentemente simple, ha logrado instalar en la agenda pública una reflexión ineludible: la crisis climática no es un fenómeno distante ni abstracto, sino una realidad concreta que interpela nuestras decisiones cotidianas, institucionales y políticas.

Desde la Red Compromiso con el Desarrollo Sustentable, las 18 universidades estatales articuladas en torno a una agenda común de sustentabilidad— hemos entendido que este hito debe ser comprendido como un punto de inflexión más que como una conmemoración. Las instituciones públicas de educación superior cumplen un rol estratégico: no solo forman profesionales, sino que generan conocimiento, promueven ciudadanía y ejercen liderazgo en sus territorios. Por lo mismo, su responsabilidad frente al cambio climático es estructural y no accesoria.

Esta instancia nos invita, a algo más profundo que apagar una ampolleta: nos desafía a apagar la inercia institucional. Esto implica revisar críticamente nuestras prácticas, desde la gestión energética de los campus hasta la incorporación transversal de la sustentabilidad en los procesos formativos. Se han dado pasos relevantes en la construcción de lineamientos comunes, pero no basta con declaraciones de principios. Es necesario fortalecer indicadores medibles, establecer compromisos vinculantes y consolidar culturas organizacionales coherentes con los desafíos ambientales.

En un país donde los efectos del cambio climático ya son evidentes —sequías prolongadas, eventos extremos y pérdida de biodiversidad— las universidades estatales están llamadas a consolidarse como verdaderos laboratorios de soluciones. Esto requiere impulsar con mayor decisión la investigación interdisciplinaria, promover la innovación social y tecnológica, y profundizar la vinculación con las comunidades. La sustentabilidad, en este marco, no es un eje más, sino un principio orientador del quehacer universitario.

Asimismo, la dimensión formativa resulta clave. Las y los estudiantes que hoy se forman en estas instituciones serán protagonistas de las decisiones que marcarán el futuro ambiental del país. Por ello, se vuelve imprescindible incorporar competencias en sustentabilidad, pensamiento sistémico y ética ambiental en todos los niveles de formación. La Hora del Planeta se convierte así en una oportunidad pedagógica para activar reflexiones colectivas y reforzar estos aprendizajes.


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Otro aspecto central es la construcción de comunidad. Esta conmemoración nos recuerda que compartimos un destino común y que los desafíos globales requieren respuestas colaborativas. En esa línea, se ha avanzado en fortalecer la articulación entre universidades y su proyección hacia redes nacionales e internacionales, entendiendo que la cooperación es clave para generar mayor impacto.

Apagar las luces por una hora es un gesto significativo, pero claramente insuficiente si no se traduce en acciones sostenidas. La pregunta de fondo que nos plantea la Hora del Planeta no es qué hacemos durante esos 60 minutos, sino qué transformaciones estamos dispuestos a impulsar el resto del año.

El desafío no es únicamente reducir la huella ambiental de nuestras instituciones, sino también redefinir su propósito en un contexto de crisis climática. Las universidades estatales tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar este cambio, contribuyendo a construir nuevas formas de habitar y cuidar nuestro entorno.

Apagar la inercia, hoy más que nunca, es una tarea urgente y colectiva.

David Silva-Rodríguez

Representante Institucional de la Universidad de Los Lagos en la RED Compromiso con el Desarrollo Sustentable-Cuech y director del departamento de recursos naturales y medio ambiente, Universidad de los Lagos.