09:55 de la mañana. Abro el computador. 09:59. Cierro todo y me concentro. 10:00. Entro a la página web. 10:01. Ya soy el número 12.425 en la fila virtual.
No importa si la economía está bien o mal, si es preventa o no, si compras solo o coordinado con amigos, si es el cuarto día seguido de recitales o si se trata de AC/DC o Don Carter. En Chile, comprar una entrada para un espectáculo no es nada fácil. Y el mercado lo sabe.
Los números hablan por sí solos. El Movistar Arena recibió más de 1.800.000 personas en 2025. El festival Rock en Conce (REC) convocó a 360.000 asistentes. Al fútbol en los estadios fueron 1.800.000 personas. Teatro a Mil reunió a más de 400.000 espectadores. Para el Día del Patrimonio, 3,5 millones de personas salieron a la calle. Y casi un millón de entradas se registraron en salas de teatro. Y así podríamos seguir.
Muchas veces se piensa que la entretención y la cultura no movilizan grandes masas. Pero la práctica —y las encuestas— dicen lo contrario. Según Activa Research, el 80,7% de los chilenos mayores de 18 años asiste al cine, y el 75,4% declara participar al menos una vez al año en actividades culturales, como teatro, museos, conciertos o exposiciones.
El Movistar Arena, además, fue ubicado por Pollstar como el tercer recinto con mayor actividad del mundo, incluso por sobre el Madison Square Garden. Podríamos seguir sumando cifras, pero el punto se entiende.
Veo a diario que la población —y especialmente los jóvenes— tiene un enorme interés por participar en eventos de todo tipo; como Director de la Escuela de Comunicación de Duoc UC me surge una pregunta importante: ¿cualquier evento sirve?
Ahí es donde está el punto: el público hoy es exigente y no acepta cualquier producto. Afortunadamente, Chile cuenta con buena infraestructura para eventos masivos, tecnología, seguridad y un fuerte sentido del espectáculo. Cuando esos elementos se combinan bien, lo único que queda es disfrutar de tu artista, comediante o equipo favorito.
Ahora, si el artista canta mal, el comediante es fome o tu equipo favorito no juega a nada, no hay mucho que hacer. Por más elementos externos que tenga el show, el público se irá igual de descontento.
¿Las entradas suelen ser baratas? No. Pero también vale la pena preguntarse: ¿es barato contar con cientos de personas trabajando para que todo salga bien? ¿Es barato contratar profesionales —y no aficionados— para diseñar, producir y ejecutar un evento? ¿Es barato incorporar tecnología de última generación? ¿Es barato construir o arrendar espacios con todas las condiciones para hacer un gran espectáculo?
Producir un espectáculo en vivo es un trabajo enorme. Involucra decenas de áreas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que son esenciales para tener una experiencia en vivo gratificante.
Ese profesionalismo, sumado —por supuesto— al interés del público, es lo que permite que grandes artistas internacionales sigan viniendo a Chile. Pero también explica por qué surgen nuevas salas de teatro, nuevos espacios para la comedia o proyectos como el Claro Arena, uno de los estadios más modernos de Sudamérica.
Todavía hay espacio para crecer y consolidarnos como un polo de cultura y entretención en Sudamérica. El capital humano está. Lo veo todos los días en las salas de clases.
Confío en que las nuevas generaciones seguirán haciendo emocionar al público y demostrando algo importante: para la industria de la entretención y la cultura, Chile no está al fin del mundo.
Matías Bosshardt
Director Escuela de Comunicación
Duoc UC








