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Opinión

16 de junio de 2022

Paternidades responsables

Por Jorge Fuentes, psicólogo y Director de Pranavida
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Hace sólo un mes los ministerios de la Mujer y la Justicia presentaron un nuevo proyecto de ley que fortalece la persecución de padres y madres que no han cumplido con sus obligaciones económicas. Una realidad que quedó en evidencia tras lo retiros del 10% donde, entre julio del 2020 a abril del 2022, se cursaron 953.706 solicitudes de retención de dinero por deuda alimenticia. Y si bien el no pago de la pensión  no es algo que se le puede atribuir a un solo género, lo cierto es que 9 de 10  demandantes en juicios ejecutivos son mujeres.

Es imposible desconocer la importancia y el impacto que tiene esta muestra de descuido de los miles de progenitores en el desarrollo de los hijos, pues los dineros exigidos no sólo están destinados en la educación, salud y alimentación, entre otros ítems, sino que también obligan a quien está a cargo de los menores a destinar más tiempo en poder compensar esa falta de recursos.
Más allá del abandono económico -el cual debe ser perseguido para su cumplimiento- está la desidia afectiva, la cual puede tener repercusiones no sólo en la infancia o adolescencia, sino que también en la adultez.

La sensación de abandono o de que se es una persona de la cual se pueden desprender fácilmente son parte de los sentimientos que, independiente de la red de apoyo que el resto del entorno genere, se pueden cultivar en jóvenes, los mismos que, posteriormente, puede relacionarse desde la inseguridad o el temor a generar lazos afectivos.

Ser padre, independiente de la relación que se mantenga con la progenitora, debe ser considerando tanto el compromiso económico como la responsabilidad afectiva y el bienestar emocional del hijo, entendiendo, de este modo, el rol que cumplen en la formación de la sociedad de los próximos años.
El día del padre- más allá de ser una nueva fecha comercial- debe ser un momento de reflexión en torno al rol y al impacto que pueden generar las distintas acciones y las relaciones que se establecen con los hijos, pues si bien a nadie le enseñan a ser padres, y dentro de este camino se pueden cometer errores, el abandono no puede ser opción.

 Lejos de ser parte de la historia de nuestro país, la imagen del “huacho” no puede ser normalizada como tampoco lo puede ser el “papito corazón”.  La relación padre e hijo deben ser desde el más sincero amor y donde el adulto asuma con responsabilidad su rol ante nuevo sujeto en formación que requiere crecer siendo escuchado, apoyado y querido.

Recordemos que siempre podemos abrir nuestra mente y corazón para solucionar el pasado siempre hay tiempo para sanar heridas solo debemos hacer acciones nuevas y buscar números escenarios para reanudar o mejorar los vínculos, las secuelas pueden  trasladarse de generación en generación.
 

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