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El reconocido astrólogo detalló cómo convive con la otra realidad desde los cuatro años, definiendo la muerte como un paso dimensional sutil y cercano.
El misterio de lo que ocurre tras abandonar el plano terrenal ha sido uno de los enigmas más grandes de la humanidad, pero para el reconocido astrólogo, tarotista y escritor Pedro Engel, este terreno es de una total certeza familiar. En una reciente y emotiva entrevista realizada por la actriz Mariana Derderián en el podcast de la Funeraria Hogar de Cristo, "Hay un después", el especialista abordó en profundidad sus percepciones sobre el mundo espiritual, desafiando las nociones tradicionales del duelo y la muerte.
Durante el encuentro, Engel confesó que su particular e histórica conexión con quienes ya partieron comenzó a la temprana edad de cuatro años. "La muerte a mí me la dieron en la mamadera, porque yo nací en una familia de sobrevivientes de la guerra y todos estaban muertos. Mi vida era como un cuento de Juan Rulfo", relató de entrada, graficando cómo la ausencia física de sus ancestros moldeó su infancia.
A pesar de haberse criado en un hogar regido por un pensamiento estrictamente científico, donde el desconcierto familiar frente a sus capacidades llevó a su padre a pasearlo por distintas consultas psiquiátricas e intentar medicarlo para que fuera "una persona normal", Engel mantuvo intacta la convicción de que existía otra realidad invisible para el resto.
Con una mezcla de humor y nostalgia, rememoró un episodio clave ocurrido cuando apenas tenía nueve años. En plena sesión médica, el astrólogo logró que el psiquiatra tratante rompiera a llorar al describirle con exactitud y precisión a su propia madre fallecida, quien en ese mismo instante lo abrazaba por la espalda en la consulta. "Ese día el doctor le dijo a mi papá: 'No joda más a su hijo, déjelo tranquilo'", recordó.
Un nuevo amanecer y la validación de la ciencia
Al ser consultado sobre las herramientas para encarar el dolor profundo que deja la pérdida de seres queridos fundamentales, tal como le tocó experimentar en carne propia tras la partida de su esposa Alicia, sus padres y su hermano, Engel recomendó volcarse a la literatura especializada. En particular, destacó la obra de la doctora Elisabeth Kübler-Ross, pionera en estudios tanatológicos, haciendo hincapié en su libro "La muerte: un nuevo amanecer", el cual retrata este tránsito simplemente como el paso natural hacia otra dimensión. Asimismo, recalcó que los avances actuales de la neurociencia occidental están comenzando a validar formalmente fenómenos metafísicos que las culturas orientales ya dominaban hace miles de años.
El "otro lado" no es una dualidad
Uno de los puntos abordados durante su franca conversación en el podcast de Funeraria Hogar de Cristo, radicó en la desmitificación del más allá. Pedro Engel rechazó categóricamente la imagen convencional de las almas flotando de forma pasiva en las nubes. Apoyándose en las visiones descritas por el místico Emanuel Swedenborg y el psíquico brasileño Chico Xavier, explicó que el "otro lado" constituye un plano vibratorio sumamente similar a la Tierra, con dinámicas estructurales propias, donde las almas continúan activamente su proceso de aprendizaje.
"Acá y allá no es una dualidad. Es un velo muy delgadito y muy cercano", afirmó categóricamente el astrólogo.
En este sentido, Engel ofreció una mirada integradora y luminosa respecto al lazo eterno que une a los vivos con los fallecidos, enfatizando que el vínculo del amor trasciende la barrera física de la existencia. Según su perspectiva, las almas desencarnadas mantienen la necesidad de expresar emociones, pero también requieren recibir la alegría y el recuerdo luminoso de quienes se quedan en la Tierra.
"Ellos también necesitan que les contemos un chiste, que les cantemos y los recordemos desde el amor y la luz, no desde el desconsuelo constante", aconsejó.
Hacia el cierre de la conversación, quedó de manifiesto que el duelo no se presenta como una etapa que deba superarse o erradicarse de la experiencia humana, sino como una vivencia profunda que se debe integrar. La intervención de Engel concluyó con un potente mensaje de esperanza y aceptación: la muerte física no interrumpe el canal afectivo, sino que inaugura una forma distinta, cruda y necesaria de amar.
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