• 12 ABR DE 2026

La vida y obra de Pato Salazar, una institución de la batería en Chile: "Yo toqué con Chuck Berry, eso no se olvida"

El presente de Pato Salazar | Pato Salazar | Cedida

En conversación con La Hora, el histórico músico habló de sus inicios, su paso por el Festival de Viña del Mar y cómo ha ido adaptándose a los nuevos cambios en la industria, los cuales dice, le costó entender.

Nacido en Quillota, en 1978, Pato Salazar se alza como uno de los bateristas más importantes que ha tenido la historia de nuestro país. 

Y es que hablar de Pato Salazar es adentrarse en una historia donde la música no solo se interpreta, sino que se vive con una intensidad casi visceral: Intérprete Superior con Mención en Percusión, egresado de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Baterista y percusionista docto de reconocida y dilatada trayectoria profesional, de acuerdo a lo que se vislumbra en su página web, patosalazarproducciones.cl.

Desde sus primeros acercamientos a la batería, a muy temprana edad, el músico quillotano entendió que el ritmo era algo más que técnica: era una forma de expresión que lo conectaba con el mundo.

En la interna con Pato Salazar 


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En entrevista con La Hora, recordó esos años iniciales con una mezcla de nostalgia y gratitud, destacando cómo figuras clave como Arturo Giolito supieron ver en él un talento precoz, impulsándolo a confiar en su propio pulso cuando todo recién comenzaba.

- ¿Hay algo que te siga emocionando igual que el primer día al sentarte en la batería?

''La música... Lo que me emociona es la música y mi familia''. 

- Mirando hacia atrás, ¿qué momentos consideras clave en tu carrera?

''En este momento me están escribiendo un libro con mis experiencias, lo vamos a lanzar en julio en la sala SCD de Valentín Trujillo. Se llama 'Pato Salazar: el groove chileno de la batería'. El groove es el sabor, la energía, el ritmo (...) Según lo que dicen mis otros colegas, yo le di un vuelco a la forma de tocar batería. Era jovencillo, flaquito, buen mozo. Yo partí a a los nueve años en el Conservatorio Nacional de Música, para la época era inédito. Yo abrí la cátedra de percursión en la Facultad de Arte de la Universidad de Chile. Ese es un momento clave. Otro es cuando Arturo Giolito, de Giolito y su Combo, dijo que tocaba como él. Yo tenía 14, 15 años. Me creí el hoyo del queque. Él era el más grande todos. Ahora son grandes recuerdos inoxidables''.

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Tras años de postular sin rendirse, el baterista chileno de 39 años hace historia en la universidad de música más prestigiosa del mundo. En exclusiva con La Hora, revela su camino de becas, visas y rechazos que lo llevó a Boston.

Su paso por el Festival de Viña

El Festival de Viña del Mar ocupa un capítulo importante en su trayectoria, aunque hoy lo observa con una mirada crítica. Para Salazar, el certamen ha perdido parte de su esencia artística, transformándose —según sus propias palabras— en un espectáculo donde lo musical ya no tiene el mismo peso que antes. Esa reflexión no nace desde el resentimiento, sino desde el amor profundo que siente por la música y por los espacios donde esta debería brillar con autenticidad.

- ¿Cómo recuerda su paso por la TV, precisamente, por el Festival de Viña del Mar?

''Yo partí el año 1967. Debuté con Pat Henry, Gloria Benavides y Los Diablos Azules. Después fui con Gloria Simonetti, ya eramos compañeros de atril con Horacio Saavedra. Luego, en 1979, partimos como orquesta con Horacio Ureta y Washington Miranda. De ahí nos paramos. Tuvimos grandes momentos en Viña del Mar, en la época que empezó la TV, justo coincidió, soy un privilegiado. Se tocaba todo en vivo, era un show de músicos. Ahora el festival es una decadencia absoluta con respecto a la parte artística, pero hay que buscar otras opciones. El arte jamás se va a ir. Esto nace, no cualquiera es músico... el famoso groove''. 

- ¿Qué cree que la falta a la industria musical chilena?

''Yo no estoy en contra de la tecnología, pero le ha hecho mucho daño (a la música). Estamos en una transición. Bueno, también ha sido beneficioso para otra gente, no podemos ser drásticos. Todo cambio y todo debe ir evolucionando. Pero esto es diferente. En la época de la música clásica. 

Un recuerdo imborrable 

Pero si hay una anécdota que resume la magnitud de su camino, es aquella vez en que compartió escenario con el legendario Chuck Berry en 1980. Más que un hito, fue una confirmación de que su lenguaje rítmico podía dialogar con las grandes ligas de la música mundial. Pato Salazar lo recuerda como un momento casi irreal, donde el tiempo parecía detenerse entre golpes de caja y compases cargados de historia.

''Yo tuve la posibilidad de tocar con Chuck Berry, aquí en Chile. Afortunadamente salió en TV, quedó grabado. Son cosas importantes que me sucedieron. Haber tocado rock & roll con mi hermano Juanito en el piano. No se olvida. Nadie la pueda contar, más que yo''. 

- ¿Cómo le gustaría que el público lo recuerde?

''Como un músico de sesión, que ama la música, que toca con el corazón. Al talento, si no se le pone academia, se pone lento. Hay mucha gente que tiene talento, hay que estudiar un poquito. Yo triunfé en el groove, nací con él. Uno lo hace sonar. Ese es el mensaje que le puedo enviar a los muchachos. Todos tenemos un espacio, pero hay que buscarlo...''

''Hay tantos cabros que no me conocen. Voy a la clínica y me conocen los viejujos como yo, pero es bonito. Todo cambia. Me costó. Yo pensé que siempre iba a ser el número uno, fui muy competitivo. Formé a bateristas nuevos que están en el top, pero me costó entender que todo cambia. Estoy contento, porque estoy buscando mi forma, siempre estoy vivo. La vida me está dando otro camino.

Qué no caiga el ''groove'' 

''Estoy con la fuerza, con el ánimo, con la energía, la luz que me da la música, y con el groove, eso no se te va nunca, un don que viene de arriba'', con esa frase cerró Pato Salazar. Y es que en el fondo, todo converge en una idea que atraviesa su relato: el groove. Ese concepto que para muchos es técnico, pero que en su voz se vuelve casi filosófico.

El groove, dice, no está solo en la música, sino en la vida misma: en cómo se camina, en cómo se habla, en cómo se siente. Es ese "sabor" invisible que distingue a quienes simplemente ejecutan de quienes realmente transmiten. Y en ese terreno, Pato Salazar no solo toca: respira ritmo.

Ignacio Duque

Periodista con gran interés en política y cultura. Rockero de la vieja escuela y explorador de lo inusitado.
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