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La detención del ex duque de York obligó a la Corona a reaccionar con rapidez y cautela: en un comunicado directo, el monarca expresó su "profunda preocupación" y dejó en claro que, marcará distancia institucional en uno de los episodios más delicados para la familia real en los últimos años.
Londres amaneció este 19 de febrero con la detención de Andrew Mountbatten-Windsor, hermano menor del monarca británico, y una declaración pública que obligó a la Corona a fijar postura con rapidez.
Desde Buckingham Palace, el rey Carlos III rompió el silencio con un mensaje sin espacio para interpretaciones emocionales.
"He recibido con profunda preocupación la noticia sobre Andrew Mountbatten-Windsor y la sospecha de mala conducta en un cargo público. Lo que sigue ahora es un proceso completo, justo y adecuado (...) La ley debe seguir su curso", señala el comunicado firmado por el propio monarca, difundido pocas horas después del arresto.
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La detención del duque de York se produce a través de una investigación por presunta mala conducta en el ejercicio de un cargo público, en una causa que vuelve a conectar su nombre con el entorno del fallecido financiero Jeffrey Epstein, un vínculo que durante años ha generado controversia y desgaste reputacional para la familia real. Esta vez, sin embargo, el escenario es distinto: hay un procedimiento policial en curso y registros en propiedades vinculadas a él, entre ellas su residencia en Sandringham House.
"El apoyo y la cooperación con las autoridades están garantizados", continúa la declaración oficial, en un tono que busca reforzar la idea de transparencia y colaboración plena con la justicia.
Al mismo tiempo, el texto deja claro que no habrá más comentarios mientras la investigación siga abierta y que el rey y su familia continuarán cumpliendo con sus deberes públicos.
El mensaje tiene una doble lectura evidente: por un lado, expresa "profunda preocupación", una fórmula que reconoce el impacto personal y familiar del episodio; por otro, marca un quiebre institucional nítida entre la figura del monarca y las acciones individuales de su hermano. No hay defensa pública ni condena anticipada. En cambio, hay una apelación directa al debido proceso.
En medio de uno de los momentos más delicados para la Casa Real en los últimos años, Carlos III optó por una estrategia de contención: hablar lo justo, reafirmar el respeto al sistema judicial y sostener la agenda oficial. En tiempos donde cada silencio también comunica, esta vez eligió que fuera la ley —y no la Corona— la que tenga la última palabra.
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