Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el concurso Santiago en 100 Palabras, presentado por Escondida | BHP y Fundación Plagio, seleccionó 10 cuentos breves que abordan, desde distintas miradas, las experiencias, luchas y memorias de las mujeres en la ciudad. Esta antología reúne historias que capturan la fortaleza, el miedo, la ternura, la memoria y la resistencia femenina situadas en diversos rincones de Santiago.
Los textos, escritos por habitantes de la Región Metropolitana, abarcan desde relatos que denuncian la crudeza de la violencia y el costo del silencio, hasta el retrato de las desigualdades y los estereotipos de género. La selección incluye la visión de una mujer que, incluso ante la muerte, impone su propia fuerza vital; el acoso callejero como experiencia cotidiana que atraviesa el espacio público; la solidaridad anónima entre mujeres que caminan solas en la noche; las desigualdades de género presentes desde la infancia; los oficios tradicionales que sostienen la vida cotidiana; y la reivindicación de existir libremente, sin disculpas.
Los cuentos se pueden encontrar en el Instagram y Facebook de @santiagoen100palabras
Santiago en 100 Palabras celebra 25 años de historia y es presentado por Escondida | BHP y Fundación Plagio. El concurso mantiene abierta su convocatoria hasta el 30 de abril. Quienes quieran participar pueden enviar hasta 5 cuentos en www.santiagoen100palabras.cl.
CUENTOS 8M
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Acción y reacción
El último resuello de la mujer fue tan intenso y perturbador, que la Muerte que venía por ella se asustó, se dio la media vuelta y decidió abortar la captura.
Matilde Rentería Velasco, 79 Años, Las Condes
SML
Y no faltó el que dijo «los que pelean se aman», «los celos demuestran cariño», «tiene miedo de que lo dejes», «tuvo una niñez difícil», «está enfermo, ayúdalo», «denúncialo, lo hará recapacitar», «confía en la orden de alejamiento», «ten cuidado, no lo provoques, sabes cómo se pone cuando toma»... «Era una buena mujer».
Trinidad Tapia Olavarría 25 Años, Santiago
Desconocidas
A paso rápido alcanzó a llegar con luz. Pegó un salto al sentir que alguien me agarra del brazo. «Francisca», me dice la chica desconocida, sumándose a mi marcha. Nos miramos a los ojos. «Camila», le digo. Doblamos en la esquina, ella mira para atrás y al no ver a nadie me pide disculpas. «Me confundí», dice avergonzada mientras me suelta el brazo. «Yo hubiese hecho lo mismo», le grito antes de que se aleje. Última sonrisa. No alcanzamos a darnos los nombres reales, pienso mientras corro, aún me quedan dos cuadras y ya se hizo de noche.
Javiera Barrientos Gajardo, 23 Años,Peñalolén
Todos iban a ser reyes
En los recreos todos mis compañeros toman una pelota y juegan fútbol con mucho entusiasmo. Todos tienen la esperanza de que algún cazatalentos los descubra y los saque de la pobreza y la realidad en que viven. Todos quieren ser Eduardo Vargas. Dejan los estudios de lado para dedicar su tiempo y su vida completa a ese deporte. Todos quieren viajar a Europa, tener una novia guapa o aparecer en un comercial. Pero a mí no me queda nada. Yo no puedo ser parte de ese «todos», porque soy «toda». Soy mujer y nunca seré un rey.
María Verdugo Naranjo, 20 Años, Renca
Llegamos bien
Sin decir que estuvimos asustadas desde la Alameda hasta la Gran Avenida, nos miramos como diciendo, aliviadas: «Llegamos bien».
Autor: Yazna Araya Zamorano, 22 Años, Maipú
Crónica de una mujer esforzada
Apresurada en llegar a su lugar de trabajo, tomó su bolso y corrió a una calle principal para tomar un taxi, dijo al conductor que la llevara al barrio La Chimba, a las cercanías de la ribera del río Mapocho; La Vega Chica. Evadió charcos de agua, uno que otro hoyo, apiladas cáscaras de fruta, saludó a los que conducen los carretones, extranjeros, locatarios y vendedores ambulantes. Se colocó apresuradamente su delantal de trabajo e ingresó a un sector de la cocina; tomó harina, zapallo, manteca, sal y Royal, extraordinariamente rápido amasó, armó y frio sopaipillas. La jornada había comenzado.
Camila Medel Albornoz, 24 años, Recoleta
Todo en su lugar
A ordenar, a ordenar, cada cosa en su lugar, aunque de verdad creo que como lo dejaste está perfecto, porque estás aprendiendo, pero debo decirlo, soy tu mamá. Guardas tú, guardo yo, este juego se acabó, y mañana volveremos de nuevo a jugar, sigo cantando, aunque sé que no es verdad, pues mañana tengo que ir a trabajar. Mañana, cuando esté aún oscuro, te oleré despacio y me llevaré tu olor en mi nariz. Saldré en puntitas y cuando vuelva en la noche, mientras duermes otra vez, diré: mañana sí que sí volveremos a jugar.
Francisca Norambuena Pape, 39 años, Las Condes
Rara
Tercer Lugar
Siempre he sido una bicha rara. Con un nombre extraño inventado por mi madre soltera, me crié en la casa de mi abuela entre cuyes, gallinas, perros, gatos y loros. Tengo un dedo largo en el pie por el cual mi tío desde chica me hizo bullying. Fui a un colegio de monjas en Estación Central donde era la guacha alta que siempre hacía de hombre en las obras. Ahora vivo en Punucapa y sigo siendo un bicho raro para las vecinas porque toco la guitarra, converso con las plantas y entran más mujeres que moscas a mi casa.
Yerthi Gerlach Escudero, 25 años, Quinta Normal.
Recortes
Despierto y salgo al trabajo, hago sonar mis zapatos en el parquet. Me subo a la micro, detengo la mirada en el pelo rizado de una señora. Me saluda una compañera y su rouge se queda en mi mejilla. Mientras trabajo, pienso: «Qué difícil ser mujer». Tomo mi cansancio y lo llevo a la casa. Lavo la ropa. Cocino. Me saco el sostén y me acuesto. En mi cama, uno todos los recortes y pienso en ti, mamá.
Constanza Sáez Chacoff, 28 años, Providencia.
Me quiero libre
A media cuadra tras haber salido de mi casa me gritaron. Dos cuadras más allá un auto paró y desde ahí también me gritaron. Me subí en Santa Ana y sentí cómo unas
manos rozaron mi pantalón. Me bajé en Baquedano y vi cómo alguien miraba mi pecho. Fue un 8 de marzo, día en el que más que nunca empiné mi pancarta: "Me quiero libre".
Fernanda Pérez Lagos, 20 años, Huechuraba.