• 17 ABR DE 2026

El fármaco invisible: Por qué la cultura nos mantiene a salvo

El fármaco invisible: Por qué la cultura nos mantiene a salvo | Referencial

Caminar por Santiago a las seis de la tarde es, para muchos, un ejercicio de resistencia. Rostros cansados, la mirada fija en el celular y ese peso invisible en los hombros que ya parece parte de nuestra vestimenta diaria. No es solo una impresión personal; las cifras nos están gritando algo que nos cuesta admitir. Según el último Termómetro de la Salud Mental ACHS-UC, casi un 25% de los chilenos presenta síntomas asociados a la depresión o ansiedad. Estamos ante una sociedad que se siente fragmentada y, a ratos, profundamente sola.

Ante este panorama, solemos pensar que la solución está únicamente en la farmacia o en la consulta médica. Y aunque esos apoyos son fundamentales, hemos descuidado un "fármaco" que no requiere receta, pero sí voluntad: el encuentro con la cultura.

Desde la Escuela de Comunicación de Duoc UC, me toca ver a diario a jóvenes que ensayan una obra de teatro, editan un documental o producen una pieza musical. A veces, desde fuera, se piensa que las industrias creativas son un lujo o un simple entretenimiento. Pero la evidencia científica es contundente. Informes de la Organización Mundial de la Salud confirman que el compromiso con actividades artísticas puede reducir los niveles de cortisol —la hormona del estrés— en más de un 30% tras una exposición breve. Es, literalmente, medicina biológica.

Esta conexión no es solo química, es social. El Ministerio de las Culturas ha señalado que cerca del 90% de las personas considera que la música y lo audiovisual son fundamentales para su bienestar emocional. Cuando nos sentamos frente a una pantalla o un escenario, lo que ocurre es una validación de nuestra propia experiencia. Al ver nuestra realidad reflejada en una historia, el aislamiento se rompe. Entendemos que lo que sentimos también le pasa al de al lado y, en ese instante de conexión, dejamos de estar solos en nuestro propio mundo.

Por eso, la formación de nuestros alumnos no es solo una cuestión de técnica, cámaras o luces. En nuestras salas de clases estamos formando a los futuros administradores del alivio emocional del país. Un comunicador, un actor o un técnico bien preparado tiene en sus manos una herramienta poderosa para bajar las revoluciones de una ciudadanía agotada. El sector cultural aporta el 2,2% del PIB nacional, pero su valor real no se mide solo en pesos, sino en la salud que devuelve a la comunidad.


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La cultura es, en esencia, un sistema de prevención. Si leer este diario, escuchar un podcast en el bus o ir al teatro el fin de semana nos permite respirar profundo y sentirnos parte de algo más grande, entonces el esfuerzo vale la pena.

Y la próxima vez que consumas cultura, míralo como lo que es: sencillamente estás cuidando tu mente.