En diciembre del 2008, la exmodelo Romina Zalazar se sometió a una intervención estética en una clínica clandestina en Buenos Aires, Argentina.
El procedimiento no resultó como esperaba y terminó convirtiéndose en una experiencia que ella misma describió como traumática, con consecuencias visibles y un impacto que fue más allá de lo físico.
El episodio marcó un antes y un después en su vida. Mientras evaluaba alternativas médicas para corregir el daño, optó por bajar el perfil mediático y enfocarse en otros ámbitos, como su carrera profesional siendo abogada y priorizando su bienestar y desarrollo profesional fuera del espectáculo.
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La partida de Rose Marie Fonck afectó de sobremanera a la animadora.
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Con el tiempo, tras reunir los recursos necesarios, decidió someterse a una cirugía reconstructiva. La intervención no solo buscaba revertir las secuelas del procedimiento anterior, sino también cerrar un ciclo que había condicionado su relación con la exposición pública y su presencia en medios.
Hoy, desde un espacio distinto al que ocupó en sus años de mayor visibilidad, Zalazar comparte en redes sociales - sobre todo en Instagram - una rutina centrada en el ejercicio, el autocuidado y el desarrollo personal, donde supera los 300 mil seguidores. Su presencia digital refleja una etapa más estable, lejos del ruido mediático que caracterizó su pasado.
Más que una reaparición, su historia expone el proceso que ella experimenta tras vivir un error médico. Lejos de tratarse de un cambio físico, su situación refleja una etapa de aprendizaje y reconstrucción, que Romina eligió vivir con discreción, priorizando estabilidad y bienestar por sobre la exposición.