Tradicionalmente los Viernes Santo eran un día de paz, tranquilidad y reflexión, donde la gente prefería mantenerse en sus casas compartiendo en familia.
Un jornada marcada con rojo como feriado en el calendario, donde incluso en televisión no se emitían comerciales, y las radios solo programaban música alejada de la estridencia.
Pero eso con los años fue cambiando, y si bien los católicos viven con respeto la fecha, el Viernes Santo se convirtió en un día completamente distinto al que se vivía antes.
Por ejemplo en el comercio, si bien no es un feriado irrenunciable, las cortinas de las principales tiendas permanecían abajo, dando espacio para la reflexión a sus trabajadores.
Tiendas del retail deciden abrir el Viernes Santo: trabajadores alegan vulneración de un derecho
Por más de 20 años las grandes tiendas bajaban sus cortinas en la emblemática jornada de reflexión.
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Sin embargo este 2025 será distinto, luego que según publicó Emol, las principales cadenas Paris, Falabella y Ripley atenderán al público, obligando a sus dependientes a cumplir con su jornada laboral.
Firme postura
Frente a eso el arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, manifestó a través de una carta, su incomodidad con la decisión del comercio.
En el escrito público, titulado "Cuidar el Viernes Santo es cuidar a Chile", el cardenal católico recuerda que "es relevante el bien que las empresas del retail hacen a nuestra sociedad", pues "generan empleo a una cantidad enorme de personas; ponen a nuestra disposición un gran número de bienes y servicios que nos permiten satisfacer nuestras necesidades. Detrás de esas empresas están las vidas de numerosos trabajadores que, con honestidad y creatividad, obtienen el sustento para sus familias".
"Dirán que trabajar ese día es voluntario, pero todos sabemos que la presión que habrá sobre ellos será grande. Chile ha tenido la sabiduría de mantener estos festivos generando un gran beneficio para todos, particularmente para los millones de chilenos y migrantes que podrán congregarse y rezar en familia, reflexionar sobre el acontecimiento que cambió el rumbo de la historia, Jesucristo. Y también, en medio del tráfago y el stress de los días de trabajo, poder descansar. Todo esto, sin duda alguna son bienes infinitamente más valiosos que un día adicional de ventas", lamenta el líder de la Iglesia Católica en Chile.
"Lo que más duele, es que con esta actitud olvidamos a los trabajadores y a los más necesitados. Ellos son los más perjudicados. Se les obliga a trabajar ese día violentando sus creencias y deteriorando el encuentro familiar", consideró el cardenal.