Opinión

Obstáculos históricos para la reivindicación participativa de las mujeres

Obstáculos históricos para la reivindicación participativa de las mujeres
Obstáculos históricos para la reivindicación participativa de las mujeres
Por:  Diego Pérez de Castro, periodista, Magíster(c) en Comunicación Política y Asuntos Públicos

Las primeras apariciones de mujeres en cargos de alto poder no fue el inicio de una mayor participación femenina en estos puestos, cabe recordar la serie de Netflix “The Crown”, cuando una flamante Primera Ministra, Margaret Thatcher se presenta ante la reina Isabel II. En la ocasión, la primera mujer en ser elegida democráticamente en el cargo en Gran Bretaña le comunicaba a su alteza que no dispondría de mujeres en su gabinete argumentando que: “no son adecuadas para ocupar el poder, porque son demasiado sensibles”. ¿Extraño?, ¡para nada! La dama de hierro pertenecía al Partido Conservador, nunca se consideró feminista, se veía a si misma como una excepción a la regla y para rematar la cuota de machismo, al llegar a su hogar tras su trabajo, le planchaba las camisas a su marido jubilado. Por su parte, el biógrafo oficial de Thatcher, Charles Moore, aseguraba lo contrario; la “dama de hierro” creía que las mujeres eran superiores a los hombres, siendo una de las razones por las que sólo se rodeaba de personas del sexo opuesto y así se aseguraba que nadie le hiciera sombra, porque amaba ser Primera Ministra. Pese a que Thatcher, no movió un solo dedo para favorecer el acceso a las mujeres a puestos de poder, sin ella saberlo, fue su figura y su carácter el que aportó a desdibujar ese estereotipo de que las mujeres eran débiles al ejercer el liderazgo en una superpotencia mundial como lo era y lo es el reino de Gran Bretaña. 
 

Esta reflexión histórica de actitudes de desprecio por omisión hacia las mujeres apoya a recordar por qué conmemoramos el día internacional de la mujer. No es una celebración ni festejo como algunos piensan, sino que es una fecha conmemorativa a causa de la tragedia del 8 de marzo de 1908, cuando 129 trabajadoras fallecieron en un incendio de una fábrica textil por irse a huelga al exigir igualdad de condiciones salariales y horarias respecto a los hombres. El dueño de la fábrica en una actitud de desprecio hacia las demandas de estas mujeres, las encerró en la fábrica para amedrentarlas a deponer la movilización. Finalmente fallecieron ante la imposibilidad de escapar de las dependencias del lugar a causa del siniestro.
 

En Chile, recordemos a inicios del siglo XX, tuvimos referentes que entregaron el tibio inicio de una posible emancipación femenina. Irrumpieron personajes influyentes que aportaron a mejorar la influencia del género en roles dominados por hombres como Amanda Labarca y Elena Caffarena, quienes fueron emblemas en la lucha para promover la inclusión de la mujer en la política. Después tuvimos el surgimiento de nuestras mujeres en el deporte, con la tenista Anita Lizana, quien en 1937 se alzó como la primera y única mujer hispanoamericana en obtener el número 1, tras ganar el Abierto de los Estados Unidos en Forest Hill y de Marlene Ahrens, que en 1956 obtuvo la medalla de plata en los juegos olímpicos de Melbourne, con el lanzamiento de la jabalina.  Por el lado del arte, tenemos para regodearnos con Gabriela Mistral, Violeta Parra, Isabel Allende, entre otras. Sin embargo y pese al reconocimiento que lograron estas mujeres, muchas declaradas feministas, tenían paradójicamente algo en común con la machista “dama de hierro” …. ¡fueron excepciones a la regla!, porque les fue más difícil conseguir sus logros que a un hombre. Sin embargo, el éxito de varias de estas mujeres fue eclipsadas por el contrataque del machismo. La misma “Dama de Hierro”, que dominó por 11 años a todos los hombres políticos de su país, finalmente y presa de su propio machismo, fue traicionada por sus mismos camaradas que no podían seguir permitiendo el ascenso de una mujer en las esferas de poder. 

Las políticas que vinieron a mitigar esta desigualdad en torno a la perspectiva e integración de género fueron más contemporáneas.  Sólo recordar la tibia creación del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) como institucionalidad el año 1991, con el retorno de la democracia en Chile. Recién en 2011, las mujeres pudieron acceder a un posnatal de 6 meses y en 2016 se creó la institucionalidad del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género para llevar adelante proyectos reivindicatorios y así zanjar en algo, esa deuda que las políticas públicas tienen aún con las mujeres en Chile.  
 

Pero… Hubo un problema. ¡Llegó la pandemia! y todo lo que se había avanzado, por ejemplo, en participación laboral de las mujeres retrocedió en más de una década en Latinoamérica según un estudio de la CEPAL. La tasa de desocupación de las mujeres llegó al 12% en 2020, cifra que aumenta a un 22,2% si se asume la misma tasa de participación laboral de las mujeres de 2019.  Muchas mujeres al tener que realizar teletrabajo al estar en la casa, cargaron con el cuidado de los niños y del hogar. Por lo tanto, eso conllevó al despidió a muchas asesoras del hogar. Otras en cambio, tuvieron que renunciar de sus proyectos laborales, para dedicarse exclusivamente a roles de dueña de casa.  
Cabe recordar que en la actualidad las mujeres ganan un 27% menos que un hombre desempeñando el mismo cargo, dejando en claro la brecha salarial que sigue existiendo. Si a ello, le sumamos las barreras de acceso a que existen “predeterminadamente” rubros “masculinizados” y otros “feminizados”, me queda la reflexión, tras este último día de la mujer, que hay poco que celebrar y mucho más por reivindicar.  

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