Japón vivió momentos de incertidumbre este viernes, luego de que una alerta de emergencia advirtiera sobre un supuesto terremoto de magnitud 9,9, un evento que, de haberse producido, habría superado el mayor sismo registrado en la historia.
La advertencia provocó preocupación entre la población, con alarmas sonando en teléfonos celulares, mensajes de emergencia y presentadores de televisión que instaban a las personas a buscar refugio.
Sin embargo, la catástrofe anunciada nunca ocurrió: todo se debió a un error en el sistema de alerta sísmica de la Agencia Meteorológica de Japón (JMA).
¿Qué pasó realmente en Japón?
De acuerdo con los antecedentes difundidos por medios internacionales, la alerta en Japón fue emitida alrededor de las 12:40 horas locales y advertía sobre posibles sacudidas de máxima intensidad en amplias zonas del país, desde Hokkaido hasta la región de Tokai.
El organismo japonés había estimado inicialmente que se había producido un terremoto de magnitud 9,9 frente a las islas Kuriles. No obstante, ocho minutos después, a las 12:48 horas, la propia agencia canceló la advertencia al detectar que la estimación era incorrecta.
¿Qué había ocurrido? En realidad, sí se registró un movimiento telúrico, pero fue de magnitud 6,9 y tuvo su epicentro cerca de la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, a cientos de kilómetros de Japón.
Según explicó la JMA, el sistema identificó equivocadamente la ubicación del epicentro y realizó cálculos que sobreestimaron considerablemente la magnitud del sismo.
Asimismo, se descartó preliminarmente que el incidente estuviera relacionado con un ciberataque.
Pánico desatado
Aunque el terremoto real apenas se percibió en territorio japonés, la alerta generó escenas de preocupación.
En Tokio, algunas personas se detuvieron para revisar sus teléfonos y comprobar si efectivamente se aproximaba un movimiento telúrico de gran intensidad.
La cifra de magnitud 9,9 generó especial alarma por sus posibles consecuencias. Un terremoto de esa magnitud habría superado el registrado en Valdivia, Chile, en 1960, que alcanzó magnitud 9,5 y continúa siendo el mayor terremoto instrumentalmente registrado.
